CARTAS A LA GENTE QUE UN DIA DEJO EL PUEBLO

 

CORRECHOUSO FUE TIERRA DE EMIGRANTES, UNA DE TANTAS ALDEAS DE GALICIA QUE SE QUEDO SIN GENTE.

 

      Siempre he tenido un gran interés por conocer un poco sobre la emigración hacia Sudamérica, especialmente con destino a Cuba, Argentina y el Uruguay; antecedentes familiares han despertado en mi esa inquietud, y cuando he tenido la oportunidad he visitado aquellos lugares y me he querido identificar con estos familiares lejanos que, quizás en algún momento de sus vidas, sus miradas se fijaron en las mismas montañas, plazas, monumentos o playas que años después he contemplado yo.

Los medios actuales de transporte y de comunicación son muy distintos a los de aquella época, las causas de los viajes actuales por supuestos que también son distintas y no puede ser comparable un viaje de hoy con las odiseas de antaño.

Solo pretendo un pequeño homenaje a mi abuelo José (al que no pude conocer) y que un día muy lejano sin consultar con la abuela decidió emigrar a esa tierra lejana de "las Américas" esperando encontrar algo mejor que ofrecer a su familia. El destino fue cruel con él y con los que aquí quedaron esperando. Allí se quedo para siempre y aquí la abuela Julia siguió luchando con los pequeños, mi padre mis dos tías y mi tío (éste se llamaba como yo) y que a los 18 años falleció como consecuencia de una enfermedad coronaria.

Hacia el Uruguay y La Argentina.

(Las historias que relato son ciertas, los nombres también, el desarrollo de las mismas es pura fantasía del narrador). 

     "Llevaba varias horas sentado al lado del fuego con la mirada fija, perdida, consumiendo los últimos cigarrillos y apurando un vaso de vino; no pronunciaba palabra; mi abuela entraba y salía, sabia que algo estaba sucediendo pero no preguntaba nada. Desde hacia una semana que se fue a Orense a tramitar unos papeles, ella sabia positivamente que algo pretendía hacer pero no quería contradecirle; notaba como miraba a sus hijos (cuatro retoños Luciano; Eladia; Soledad y Eligio que posiblemente no volviese a ver mas); quería despedirse de ellos con la mirada, grabar su imagen en su mente, llevarse ese recuerdo allende los mares.

    A la mañana siguiente, muy temprano se levanto, preparo sus pocas cosas en una vieja maleta de madera y entro despacio en las habitaciones donde los niños dormían; los besó y después le dio un beso a mi abuela. Sin cruzar palabra salió y cerro la puerta; mi abuela Julia se levanto y se asomo a la ventana y desde allí contemplo, iluminada por la luz de la luna, la silueta de mi abuelo dirigiéndose hacia la capilla para seguir su camino hacia Laza, Orense y Vigo donde tenia que embarcar días mas tarde. Desde el alto de la capilla volvió la mirada hacia la casa; sabia que mi abuela estaba en la ventana. Durante unos instantes permaneció mirando, quizás en la oscuridad sus miradas se cruzaron; cuantos recuerdos invadieron sus pensamientos; que duro es a veces el destino de las personas. Los dos se querían a su manera, sabían que era la ultima vez que se veían, despedidas para siempre con solo mirarse, ni una palabra brotaba de sus labios todo el dolor se quedaba en sus corazones. Ya en Vigo pregunto. Quería embarcar hacia la Argentina; conoció a otros compañeros de viaje, a uno de un pueblo cercano. Juntos preguntaron a un marinero por donde se llegaba al muelle de levante; sabia que la suerte ya estaba echada. 

      En unas pocas horas el mar se empezó a adornar con las luces de los barcos pequeños que empezaban a pescar y el manto del horizonte puso de luto completamente oscuro el cielo; el viento hinchaba las velas y las chimeneas soltaban un inmenso chorro de humo negro procedente de los hornos que hacían mover las inmensas hélices, sonaban cantes de despedida por los amores que se quedaban en el puerto. Con el romper de las olas contra el casco y al compás de la marea, poco a poco la gran mole de acero iba navegando mar adentro, quizás no era el barco sino el puerto el que se alejaba.

   Atrás, en la lejanía, se quedaba el faro que le servia de guía y que de la mano lo fue saco del puerto. 

   Después de la larga noche esperaba un nuevo día que iluminara el puente y el cielo azul, poder asomarse a la popa y volver su pensamiento a tierra; con la mirada fija y perdida en el agua acudían a su mente pasajes de su vida, con sus gentes, recuerdos de su pueblo, de su niñez, su escuela, los juegos de juventud, las mozas, su boda con la abuela, sus hijos... ¡Dios! cuantos recuerdos en un instante...

    Así día tras día, semana tras semana, cuanto tiempo contemplando la misma imagen, pensando las mismas cosas, viendo las mismas caras y comiendo la misma comida. Con la mirada fija, en la popa de aquel barco, dejo grabados muchos recuerdos, inmensos suspiros por la abuela y por sus hijos y un enorme os quiero y estáis presentes siempre en mi corazón, vosotros seréis el recuerdo que me acompañe en esta aventura que nunca debí emprender. Fueron viajes para él y para muchos de ida sin retorno, viajes que los llevaron a la "nada" y que los separaron de lo mas querido, viajes que los que se quedaron aquí nunca entendieron (yo tampoco), después de oír tantas historias como esta no he logrado entender aquella vida. A pesar de todo quiero reconocer su coraje, su decisión, su afán de aventura y no tengo la menor duda que era su forma de ser y siempre, siempre, lo primero fue la familia y los sacrificios eran por ellos.

  • UN ENORME RECUERDO LLENO DE SENTIMIENTO A TODOS ELLOS, SIEMPRE ESTÁIS CONMIGO.

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    HACIA LAS ISLAS DEL CARIBE - LA HABANA - PUERTO RICO.

     

       "Pronto volveré, recibe mi amor un beso, por favor escríbeme, la Habana 1935,

    firmado: Tu amor Ludivina." 

    Así terminaba una carta que guardaba mi abuela como un tesoro dentro de un viejo arcón, carta de plata y oro, carta de sueño y de amor que viajo por los mares desde La Habana a Galicia, contando mil maravillas en un viejo barco de vapor; una de tantas cartas que le gustaba escribir, pensaba que había pasado mucho tiempo y esperaba con ilusión que pronto vuelva ese barco que hacia España la lleve o que le traiga a su lado al que le juro su amor. 

    "La habana 1930... Inclinados ya los últimos rayos de sol de aquella tarde otoñal, penetraban entre los mástiles de aquellos majestuosos veleros que bordeando el malecón de La Habana hacían su atraque triunfal en el puerto formando extrañas siluetas en las tranquilas y azules aguas de aquel mar caribeño. Por su casco se divisaban los rubios y altos marinos de Nueva York que cada semana llegaban en sus líneas comerciales; cuantos suspiros e ilusiones despertaron en el corazón de las lindas muchachas cubanas para mas tarde desaparecer a lo lejos, allí donde el cielo y el mar se juntan, allí donde las ilusiones empiezan a desaparecer, donde el sol nuevamente aparecerá pero la ilusión no".  

    Las sirenas de los grandes barcos de vapor anuncian su llegada o salida; la gente se agolpa junto a las escaleras de atraque para tener noticias llegadas de Europa, abrazar a familiares que llegan agotados por el largo viaje pero con un montón de ilusiones, unos se piensan quedar allí definitivamente, otros solo pretenden mejorar algo su economía y regresar. Pasa el tiempo y con él un siglo de ilusiones por verse frente a un altar, su velo esta hecho jirones pero le sobran razones para esperar y esperar que pronto se suba a ese barco que hacia España la lleve.

    La Habana 1998, he caminado por la ciudad creo sinceramente que no se parece nada a la vieja ciudad colonial de los veleros, los barcos de vapor y aquellas cartas de amor, sus edificios coloniales están casi todos en ruina, el malecón aun se llena de gente por las tardes, su puerto es majestuoso pero no esta lleno de barcos, el viejo edificio de aduanas tiene las puertas y ventanas sin cristales estoy seguro que en 1935 todo era más hermoso y romántico, hoy se visita la Bodeguita del Medio ( allí deje un mensaje escrito en su pared en recuerdo a todos los forjadores de aquella ciudad) después de tomarme el obligado "Mojito" seguí caminando por la ciudad, por sus portales, hablando con la gente, escuchando a sus grupos de músicos cantando canciones al comandante Che Guevara, preguntando cosas y comerciando con ellos, se vendía de lo poco que tenían, todo. Las zonas turísticas como Varadero y otros lugares similares tienen poco que ver con La Habana, La Floridita por ser la cuna del DayKiri o Tropicana recuerdan los primeros años del siglo XX e incluso los de 1.935, de los Alcapone y demás mafiosos yanquis que allí se instalaron.

    Mi abuela Ludivina que paso su juventud en la ciudad caribeña de La Habana hizo un viaje de ida y vuelta, en España la esperaba Jesús (mi abuelo al que tampoco yo conocí), mocetón asturiano, con quien se caso y emprendió una nueva vida de sacrificios, dos hijos, mi madre Manuela y mi tío Manuel (mi padrino) fue su descendencia y así se fue creando la historia.

    QUIERO DEDICARLE ESTAS LETRAS A TODA LA FAMILIA DE MI MADRE.

     

     

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